Alcohol de 99º «Un paseo por el corazón de las ciudades» de la mano de Manu López Marañón

Alcohol 99 grados - Manu López

Una lectura recomendada que transporta al lector a la historia más reciente de nuestro país. Dosis de realidad envuelta en un exquisito lenguaje literario.

Redacción: Yolanda López

Comenzamos en un escenario gris donde la realidad viste a las calles con su peor cara. Los portales guardan historias de viajes imaginarios, ilusiones conducidas por las venas con destino al paraíso del éxtasis. Donde los niños toman tragos amargos de soledad, esperando en la calle a esa adolescencia que quedará cegada por el brillo de una navaja. 

El amor se convierte en moneda de cambio apostada en alguna esquina, donde una farola desprende una exangüe luz ocre, jugando con las sombras de los cuerpos al mezclarse en la noche. El carmín muere en una piel desconocida y los besos, junto con los sueños, se quedan en una estación de tren llena de pañuelos blancos agitándose en el recuerdo. 

En Barcelona, las Ramblas extienden su alfombra de sinuosas baldosas bicolor para dar la bienvenida a un nuevo día. Cubren, con un manto de ruido, esas vidas vacías que se apagan cada amanecer, abandonadas en algún bar las últimas, abrazadas al trago que araña la garganta de sus gastadas almas. 

Todo sucede con naturalidad en Alcohol de 99º. La trama se desenvuelve suavemente y sin darnos cuenta estamos dentro la historia, con la Transición española como escenario de fondo... Aquellos años resultaron muy crudos en un país que se desperezaba de la dictadura y donde la palabra «libertad» brotaba de los pechos oprimidos, doloridos todavía por el miedo, como su ansia principal. Décadas duras, donde los extrarradios de las ciudades comienzan a poblarse sin medida y el trabajo escasea. Los nietos de la posguerra chocan contra un panorama incierto; a muchos la muerte ronda sobre sus destinos abocándolos a un final precipitado. 

De manera muy gráfica esta novela muestra, convirtiendo a sus lectores en privilegiados testigos, cómo dos jóvenes –Artur y Asís–, a quienes más tarde se suma un pintoresco sujeto –Fredi–, comienzan a deslizarse por el oscuro mundo de la delincuencia. El despertar a la vida lo han hecho desde reformatorios o desubicados en trabajos esforzados y mal pagados. Tramar planes que rompan semejante estado de cosas resulta casi tan necesario como el respirar; al principio son planes absurdos, en los que resultan engañados, sobre todo, por su inexperiencia. Pero la cárcel termina curtiendo a nuestros protagonistas. Más maduros, se verán envueltos en un complejo entramado de lujo, estafas y atracos.
 

Ambientada entre Bilbao y Barcelona, Alcohol de 99º hace un repaso de los barrios más conflictivos o polémicos de ambas urbes.
 

YOLANDA LÓPEZ: Explícame el porqué del título y su significado.
 

MANU LÓPEZ MARAÑÓN: Es un título metafórico y me gustaría que cada lector sea capaz, por sí mismo, de comprenderlo. Barajé varias posibilidades, pero al final Alcohol de 99º me pareció la idónea. Es corto, tiene fuerza y resulta enigmático. Te confieso que cuando me decidí por él pensaba que el alcohol de 99º era una quimera: no podría existir, pensaba, porque se evaporaría al abrir el frasco… Había visto alcoholes de diferente graduación, pero el máximo llegaba a 98º. Cuál sería mi sorpresa cuando, ya con la novela en la calle, me entero de que el alcohol de 99º no solo existe, sino que es muy solicitado para limpiar espadas, floretes y demás armas blancas.
 

YOLANDA: Dicen que cuando escribimos siempre hay una vivencia propia o de algún conocido que dejamos impresa, un rasgo nuestro que firma algún párrafo.
 

¿Qué hay de Manu López Marañón en Alcohol de 99º?
 

MANU: Todos los personajes de una novela, empezando por la voz de quien la cuenta, la del narrador la más importante, tienen algo (o mucho) del autor. Es duro reconocer que, por ejemplo, en un sujeto tan brutal como Pilón haya algo de mí, pero seguro que es así. A un nivel puramente consciente puse bastante mío en Dora y el Piro. Ella es una mujer brava y con ganas de salir adelante, pero la vida se le tuerce desde su adolescencia; de querer dialogar con muros de granito algo sé. Y luego él, que aunque sea homosexual y yo no, ama de forma muy generosa; lo mismo que yo intenté hasta darme cuenta de que el esfuerzo no merecía la pena. Con Asís tengo en común la temprana experiencia laboral y sus afanes por progresar espiritualmente. Con Artur Basabe, protagonista principal de Alcohol de 99º, más bien poco porque empieza y termina igual de gilipollas.
 

YOLANDA: La novela negra norteamericana está construida alrededor de arquetipos. Tipos duros, ataviados con sombrero y gabardina, de pasado oscuro y con querencia a la bebida sosteniendo una humeante Colt 1911...
 

Sin embargo la novela negra española rompe con lo establecido y muestra personas de carne y hueso, vulnerables, con emociones. Algo que las acerca más a la realidad, como en el caso de Artur y Asís. Ambos nacieron en unas familias desestructuradas, las cuales, resultando de paso más reconocibles para el lector, parecen empujarlos a un destino oscurecido… Parece como si una espesa tela de araña fuera tejiéndose sobre sus vidas…
 

¿Cómo nacen estos personajes?
 

MANU: Artur y Asís comparten rasgos míos con los de muchos, y variados, amigos y enemigos a quienes he tratado tras más de medio siglo pateando ciudades de este mundo desalmado. Para Fredi tuve como modelo a un par de tipos, a los que llevo lustros sin tratar y que son las personas con las que más me he reído. Al final es siempre así, acabas haciendo estas amalgamas; ningún autor crea de la nada, siempre hay un punto de partida muy vivido. Con Dora y Luli, las dos mujeres de mayor peso en Alcohol de 99º, sí tuve la sensación de caminar sobre el alambre sin red debajo. Para cualquier hombre la psicología de la mujer es un misterio, y un escritor no es la excepción por mucho que tenga en mente algunos arquetipos femeninos de la literatura universal. Estaba preocupado por el resultado final, pero veo que mis lectoras (que superan en mucho a mis lectores) no se quejan, incluso que no pocas se conmueven con Dora, y bueno, pienso que al final han resultado creíbles…
 

Se abordan temas que en aquella época eran tabúes, como la homosexualidad. Algo castigado con penas de cárcel hasta que, en 1978, se reformó la Ley de Peligrosidad Social. Alcohol de 99º muestra un suceso en la cárcel, que no vamos a desvelar, pero que refleja un sistema penitenciario muy cruel donde los abusos de algunos funcionarios no conocían límites.
 

YOLANDA: A medida que voy leyendo no puedo evitar imaginarme el gran trabajo que esconden esas más de 500 páginas. Cuéntame cómo te documentas y alguna anécdota al respecto.
 

MANU: Nunca he estado preso y por ello, para las páginas carcelarias, recurrí a películas españolas de la época en la que se desarrolla la novela. Están muy bien ambientadas y ofrecen cantidad de detalles sobre cómo era la vida cotidiana en una penitenciaria. Ejemplo típico sería El pico 2, de Eloy de la Iglesia (Opalo Films, 1984). Para cuestiones legales consulté con aprovechamiento el Manual de ejecución penitenciaria de Juan Carlos Ríos Martín (Editorial Codex, 2001). Al no ser homosexual debí ponerme al día en las maneras de sentir de este colectivo y, también, a la hora de poder plasmar diferentes ambientes gay: de los más turbios a los más selectos. Mi deuda con el escritor Miguel Dalmau es enorme. Tanto Los Goytisolo (Anagrama, 1999) como su Jaime Gil de Biedma (Circe, 2004) te ayudan no solo a profundizar en la compleja psicología homosexual, también a conocer la ruta gay ochentera, casi como si hubieras formado parte de aquella irrepetible Barcelona. Aprovecho para recomendar con fervor ambas biografías. ¿Una anécdota? Sabía que el negocio del juego, dentro de la «tolerada» ilegalidad, sufrió un varapalo con su legalización, pero estaba volviéndome loco tratando de averiguar en qué año ocurrió… Viendo un Informe Semanal lo dijo la locutora: la ley que despenalizó el juego era de 1977. Fue una ley que hasta su completo desarrollo, en unos años de ralentización, permitió que muchas timbas siguieran. El dato me ayudó muchísimo para centrar en el tiempo una trama importante de Alcohol de 99º. Una de esas benéficas casualidades no tan extrañas cuando estás metido de lleno en la creación de tu novela.
 

YOLANDA: Habrás tenido que sumergirte en todo tipo de escenarios. Seguramente por los menos recomendables...
 

MANU: Antes te decía que no he estado en la cárcel, ahora que tampoco en uno de esos cuartos oscuros donde se practica sexo a boleo, sin saber con quién. La sola idea de formar parte de unas de esas melees me horroriza. Quizá por eso mismo, el capítulo desarrollado en el cuarto oscuro de una discoteca gay sea uno de mis favoritos. Lo tuve que inventar entero, añadiendo detalles muy explícitos de posturas entre hombres a los que, desde mi ignorancia, debía dar un verismo pornográfico. Escribí esas páginas con el estómago en la boca. Me pasé, pero era necesario descender a ese nivel de crudeza. Costó, pero al final quedó como quería. A pesar de su crudeza, que algunos consideran innecesaria, considero fundamental este capítulo para mostrar la relación entre Artur y el Piro. Peleé por él y al final se quedó en el manuscrito que se imprimió.

YOLANDA: Pensar en fraguar una obra de este calibre, da vértigo... ¿Cuánto tiempo tardó en ver la luz esta novela tuya?
 

MANU: La primera frase la escribí el 10 de noviembre de 1999. La versión inicial del libro tenía 200.000 palabras. En sucesivas correcciones, te hablo de un trabajo discontinuo que abarcó de 2001 a 2014, terminé una segunda versión de 165.000 palabras. Con ella participé, sin suerte, en el único premio que he tenido ilusión por ganar en esta vida, el Nadal: me presenté al de 2015 (el que se llevó José C. Vales con Casino Biarritz). Esa misma versión de 165.000 palabras interesó, tres meses después, a una editorial; eso sí, con la exigencia de recortarla para que Alcohol de 99º cupiese en un solo volumen ya que si no se me avisó lo pondrían a la venta en dos tomos… No dudé a la hora de preferir la opción del volumen único. Además por esas fechas, un amigo, amante de la literatura y de gusto muy distinguido, me había hecho ver cómo quitando unas decenas de páginas el manuscrito mejoraba. Le hice caso y, con gran dolor, amputé episodios que había pensado esenciales. Lo reduje a 130.000 palabras. Con esta extensión la novela apareció en tomo único. Durante el período 2015-2021 seguí corrigiendo por mi cuenta, pero solo cuestiones de estilo. Por eso en la última versión de Alcohol de 99º, reeditada en este 2021 por Grupo Tierra Trivium, nadie encontrará diferencias argumentales.
 

YOLANDA: Cuidas tus personajes, dotas a cada uno de personalidad propia. Trasmiten emociones y el lector visualiza reacciones suyas muy íntimas. Estas pinceladas de psicología nos los acercan. Llegas a quererlos, pero también a odiar a algún personaje tuyo. Además, recogiendo con nitidez los relieves de esos variados entornos por los que los mueves, el famoso espejo stendhaliano, rescatas la esencia de la novela.
 

MANU: En una novela los personajes son lo que importa y queda. Me alegra que una lectora como tú escriba que los míos transmiten emociones porque hoy, sobre todo en la siempre muy vendida novela de investigación criminal, lo que abunda son personajes acartonados cuyo único mérito esta en sus habilidades para descubrir quién mató a quién. A mí todo eso me importa un pimiento porque quienes investigan (salvo excepciones sobresalientes, no todo es desdeñable en el género policíaco) rara vez superan los contornos del sobado arquetipo que les precede. Es en la novela negra de barrio donde hallo mayor empaque en los personajes y a la hora de recrear atmósferas… Como bien dice un editor mío, en la novela negra de barrio que hacemos unos pocos es dónde está la más genuina novela negra española.
 

Volvamos a esa España resurgente y ochentera en la que vivíamos, donde todo iba deprisa. Los cambios y los acontecimientos dejaban muescas en la historia y nosotros (algunos todavía desde los pupitres escolares) éramos espectadores de primera fila de todo aquello.
 

YOLANDA: ¿Cómo recuerdas esa época?
 

MANU: Los ochenta fueron años muy locos y algunos los vivieron al límite. Yo estudiaba en un colegio religioso de Bilbao, y nuestra promoción, COU 1984, fue la primera sin muertos por droga. Las anteriores habían tenido por lo menos uno. Esas víctimas de la heroína eran hermanos mayores de nuestros compañeros de clase. En Vizcaya el efecto de la heroína se cebaba incluso en barrios muy ricos como Neguri, que un año superó en muertos a Vallecas… De esa época me quedo con la música, con los grupos que surgieron de la movida madrileña, muy buenos. También el cine quinqui, mostrándonos cómo vivir el presente de manera radical (aquel «no futuro»), con la necesidad de la droga llevándose a quien hiciera falta por delante, y que impactaba sobre los adolescentes desorientados que éramos entonces. Pero aquel tipo de película mostraba asimismo a qué te llevaba la droga y pienso que dejó enseñanzas que funcionaban como avisos muy serios. Yo, Cristina F., rodada en Alemania y un bombazo a nivel mundial, estrenada en 1982 en España, desveló ya sin tapujos la espeluznante vida de una joven yonqui. Durísima de ver pero, gracias a ella, muchos le vimos al caballo su verdadero rostro.
 

YOLANDA: Háblame de proyectos, seguro que hay alguno en mente.
 

MANU: En estos momentos corrijo, sobre el papel, mi segundo libro: Prosas para eunucos. Tiene cuentos de diferentes épocas. El primero es de 2003 y el último lo terminé en 2018. Tres relatos los protagonizan personajes de Alcohol de 99º, pero en el resto me intereso por cuestiones que atañen más a la clase media de la que yo provengo: una profesora universitaria; un escritor; los espectadores de los cines bilbaínos; o el veraneo de una pareja de extranjeros en un hotel. Aparte de los relatos, este libro incluye una obra teatral, un guion de cine… e, igual, poemas escritos durante una época difícil (y guardados en lo más profundo de un cajón) que, sin descanso, trato de pulir… Creo que decidiré si los publico cuando el libro esté a punto de imprimirse.
 

YOLANDA: ¿Alguna obra que te haya influido, que te haya lanzado a escribir?
 

MANU: Me gustaría que alguien dijera de una vez que Alcohol de 99º es una novela de estirpe arltiana… Pero claro, ¿quién lee hoy a Roberto Arlt (1900-1942)? Este escritor, el  mejor discípulo de Fedor Dostoyevski en lengua española, introdujo la temática urbana en la novela argentina. No es un gran estilista, pero sus desquiciados personajes (nadie que haya leído Los siete locos o Los lanzallamas olvida a Remo Erdosain) transmiten de forma insuperable la angustia existencial que genera una urbe rota y desquiciada como la Buenos Aires de principios del siglo XX, donde era un milagro sobrevivir. Hay mucho de Arlt y por tanto de Dostoyevski en mi novela, pero acepto de buen grado que se la relacione con Charles Dickens, Valle Inclán o Benito Pérez Galdós.
 

YOLANDA: Colaboras en un par de revistas...
 

MANU: En dos pares. Dos específicas del género negro: Solo Novela Negra y Salamandra Negra. Pero también en dos revistas generalistas, ambas de gran solera y prestigio como la donostiarra Moon Magazine y la madrileña La Gatera de la Villa. En las cuatro tengo a unas editoras y editores a los que considero amigos. Desde la primera colaboración me han tratado con generosidad. Aceptan encantados mis propuestas y hasta la fecha son cinco años reseñando libros-–, no me han tocado una coma. Mientras estas revistas sigan editando aquí me tienen. Confiaron cuando no era nadie y eso no se olvida.

Manu López