“Colum Patred” la operación que culminó con la recuperación de 3.500 piezas de incalculable valor histórico. Hoy en TV2, a las 18:50 en Guardianes del Patrimonio

Guardianes del Patrimonio

El espacio semanal, conducido por el detective Jorge Colomar, nos mostrará paso a paso, las investigaciones efectuadas por los cuerpos de seguridad.

Redacción: Yolanda López. 

La riqueza de la cultura de un imperio, quedó enterrada en esta región occidental de la península. Pero no solo los manos de los arqueólogos, se aventuraron a extraer las piezas que permanecieron dormidas durante siglos, abrazadas entre rocas y tierra, el expolio, fue diseminando los tesoros de tan augusta civilización, en destinos poco fiables,.

Las alarmas saltaron al detectarse unos fustes (cuerpo de la columna, entre la base y el capitel) de origen romano, muy parecidos a los hallados en la antigua ciudad de Acinipo, lo que es hoy Ronda (Málaga) y a los del Teatro Romano de Mérida, estos restos parecían datar del siglo I d.c. Dichos  fragmentos, habían sido adquiridos por anticuarios, estos, habían falsificado los documentos de cesión, con el objetivo de no revelar el origen fraudulento de estas piezas, hecho que facilitó el tráfico entre comerciantes. Llegaron a encontrarse fustes, en los jardines de un hotel de este municipio malagueño.

Para ello se activó dentro del Plan de Defensa del Patrimonio Histórico, un dispositivo del Seprona, en coordinación con la Fiscalía de Ronda. En 2016, se iniciaría la operación “Colum” y “Patred” culminada en 2019, con la recuperación de 3.500 piezas de las épocas; Prehistórica, Romana, Ibera, Medieval y Visigoda, además de cuatro personas detenidas y nueve investigadas.

Las piezas recuperadas, todas ellas de un alto valor histórico, iban desde: una escultura togada sedente femenina, vasijas funerarias, hachas planas, hebillas, monedas de plata y bronce, hasta una contrapesa de aceite de la época Ibero-Romana.

Teatro de MéridaLas piezas rescatadas, eran similares a las halladas en el Teatro Romano de Mérida

La summa cavea, emergía tímida, de la tierra, las gradas superiores buscaban la luz, formando una curiosa estructura, a la que apodaron “Las siete sillas”. El teatro Romano de Mérida, se desperezaba del olvido. La construcción en la antigua Augusta Emerita, a las ordenes de Marco Vipsanio, en el siglo 15 a.c, afloraba tras las excavaciones arqueológicas a principios del siglo pasado.

El teatro, formado por estos huecos semicirculares de mármol, se dividía en summa, media e ima, no era otra cosa que el nivel de las gradas, luego estaba el podium, reservado para el césar, donde podía disfrutar del espectáculo en primera fila.

Estas fiestas, servían de propaganda política, su cometido era exhibir una forma de vida un tanto opulenta. Delante del emperador, desfilaban un séquito de esclavos, portando ánforas con el elixir de la inmortalidad, la dulce ambrosía se vertía en vasas potoria de plata, para los patricios, mientras que los plebeyos, lo hacían en las de arcilla. Las bandejas de terra sigillata, que lucían hermosos relieves en rojo coral, rebosaban de viandas para el ágape. Mientras el populacho se divertía con el baile de los histriones, estos hacían sonar entre brincos, los scabillum que llevaban sujetos en los pies, al ritmo de las tibias bassa, precursoras de la chirimía (parecida al oboe).

Pero el cristianismo, llegó de la mano de Contastino I, y su edicto de Milan (siglo IV) esto condenó al olvido a este antiguo templo del ocio, así como cualquier costumbre pagana. Los dioses tendrían que esperar a que la historia modificase sus cultos, para volver a bajar a la tierra y mezclarse con lo mundano, en las lupercales (carnavales) o el año nuevo “strena”.

0
0
0
s2sdefault