“Oswald” el mayor falsificador de arte de la historia, resurge después de la “Operación artista”

Oswald

El barcelonés Oswaldo Aulestia, habla de la etapa más oscura, de su trato con artistas como Joan Miró o Salvador Dalí.

Redacción: Yolanda López

Al calor de un café en el bar Zurich de Barcelona, envueltos en una tenue luz ambarina, en un ambiente de estilo modernista, como si el tiempo se hubiera detenido entre esas paredes cubiertas de madera, testigo de tertulias de artistas y revolucionarios en tiempos convulsos. El artista solo deja ver sus ojos por encima de una gafas redondas de espejo, semiescondido debajo de una gorra de visera, comienza a aflorar la persona, sobre todo cuando hablamos de sus inicios, quizás su etapa más emotiva. Las palabras se atragantan en los recuerdos, solo un leve movimiento de cabeza y un cambio rápido de conversación, parece sacarlo de ese lienzo oscuro, donde las sombras no dejan pasar la luz.

Su padre, Salvador Aulestia, fue un artista muy reconocido en la ciudad Condal, su primera exposición la realizó en el salón I de octubre (vía Layetana) en el año 1948. Creador del “Sideroploide” una escultura forjada en metal que ha caracterizado al puerto de Barcelona, desde 1963.

Oswald creció entre lienzos y esculturas, creaciones de los más grandes de la época, también vivió las fiestas y reuniones, donde los contactos eran más importantes que una buena obra. Poco a poco fue descubriendo tanto el arte del mercado, como el mercado del arte, un juego de palabras que hace suyo y que aprendió de su padre.

Una de las obras de Salvador Aulestia (1915-1994) preside el salón del artista

“Aprendo de él; el arte de seducir, embaucar, persuadir y convencer a cualquiera con el objetivo de conseguir dinero”.

En los años 50 y 60, el expresionismo abstracto inundaba las galerías, aquel estilo libre de pintura, que según los artistas -era dejar fluir, que la pintura hable sin trazos que la contengan-. Precisamente en esa década, Salvador vivía una suculenta etapa profesional, que arrastraba desde Roma, de su viaje en 1951, allí consigue exponer en la galería Barbieri, para luego visitar Turín, Milán, París, Londres... En esos tiempos, cultivó la amistad con Salvador Dalí y Joan Miró, modelos para el joven Oswald, que hasta entonces era discípulo y ayudante de su padre.

A principio de los 70, padre e hijo, se trasladan a Italia tras firmar un importante contrato que estipulaba cerca de un millón mensual. Esta época dorada en la que el mismo ejercía de mecenas, sirvió para agenciarse los contactos que le proporcionaban encargos, falsificaciones que poco a poco fueron introduciéndose en buena parte de Europa.

En ese tiempo, su padre desaparece, lo deja solo, pero lejos de amedrentarse ante la situación, Oswald, pone en marcha todo lo aprendido hasta la fecha -Se define como un superviviente-.

Rápidamente se asocia con “Roby” un amigo galerista, hombre de negocios, solo tenía una ambición “ganar dinero” este le propone presentar a una amiga de Oswald, como la amante de Miró, creando así, cercanía y credibilidad al conocimiento del joven sobre las obras del maestro.

El teatrillo funcionaba, los compradores de la clase alta de Vicenza, depositaban toda su confianza en el joven Aulestia, que ya era parte del escenario pictórico italiano.

 

“Conseguí vender a tres marchantes diferentes la misma escultura, eso sí, con gracia y soltura”

 

El tren de vida de Oswald, se había disparado, sus falsificaciones se habían vendido ya por medio mundo, “la vecchia Italia” se le hace pequeña y busca una nueva forma de vida en la ciudad de Miami (Florida) allí hace alarde de su don de gentes, llegando a trabar amistad con importantes mecenas, dichos marchantes, ponen en circulación sus obras en Estados Unidos. 

Autorretrato de Oswaldo Aulestia

“Me defino como un pirata, un pillo que ha sabido encontrar la ocasión”

 

Especializado en pinturas vanguardistas, comenzó a adoptar estilos como el neoplasticismo. Termino acuñado por Piet Mondrian, y que actualmente se puede apreciar en las obras de Oswaldo Aulestia. Esto hizo de él uno de los mayores entendidos en estas corrientes.

Aun así, no ha dejado de admirar y estudiar otros estilos, este artista nos comenta que ladrones y falsificadores, son los mayores entendidos en arte, ya que solo disponen de pocos minutos para detectar si están ante una obra autentica. Sus dedos se deslizan por las tallas, como si la pieza les hablara desde el silencio, el origen de algunos materiales como el alabastro, utilizado antiguamente para la escultura de figuras religiosas, siendo fieles a algunos pasajes de la biblia, en los que una mujer a los pies de Jesús, esta sujeta una copa de alabastro llena de ungüento perfumado (retablo catedral vieja de Salamanca) de Nicolás Florentino en el siglo XV. 

La rugosidad de los oleos les cuenta si salieron de un taller de un viejo pintor que mezclaba los pigmentos en su mortero de porcelana, mientras sus huesudas manos, sujetan la moleta que dará vida a un nuevo lienzo...o por el contrario el tacto excesivamente suave, les habla de un barniz químico. Sus ojos se acostumbran a valorar lienzos con la escasa luz de una linterna y su formación es continua...

Falsificación de The sun eater (1955) de Joan Miró 

“De un solo vistazo, puedo distinguir una falsificación. Incluso de una mala fotografía”

 

Llegaba el fin de los tiempos dorados, el FBI, iba siguiéndole la pista, eran incontables las piezas que había colado tanto en el país americano, como en el resto de Europa, aunque el artista se había trasladado desde hacía algún tiempo en su ciudad natal, Barcelona, donde pensaba comenzar una nueva vida, de hecho ya exponía sus dibujos en la galería Vicent, en pleno centro de la ciudad Condal, así como la idea de escribir un libro y contar las vivencias desde la paleta de un artista, convertir los colores en palabras. Pero todos esos proyectos se derrumbaron una mañana de noviembre del 2018, cuando su mujer Neus, abre la puerta y entra un grupo de agentes “están implicados en algo muy grave” les espetó el que parecía encabezar la operación, mientras se abría paso entre ellos, agentes del FBI conjuntamente con los Mossos de Escuadra, procedieron a detener al escurridizo Oswald, hasta ahora “el hombre sin rostro”. La operación artista, había finalizado satisfactoriamente y se había saldado con la detención de; Oswaldo Aulestia Bach, los italianos Elio Bonfiglioli y Patrizia Soliani, James Kennedy (falsificaba firmas) y el marchante de Chicago Michael Zebrin, encargado de falsificar los documentos de autenticidad y de vender posteriormente las reproducciones, así como otros dos galeristas estadounidenses. Más de 3.000 obras atribuidas a Marc Chagall y Alexander Calder, cerraron el amplísimo sumario.

Desde toda esa vorágine de acontecimientos, ahora cumplidos los 70, Oswald se ha volcado en lo suyo, pintar, crear es parte de él, ahora vende sus obras y expone siempre que puede...la originalidad de este artista y su buen hacer, otorgan a sus obras de esa peculiaridad que se hace patente en todos sus lienzos, aparte de retomar la idea de publicar sus memorias y llevarlas a la gran pantalla.

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